La importancia de decirle “no” al niño: orientación básica a los padres

¿Por qué es importante para el niño que los padres aprendan a decirle “No”?

  1. La responsabilidad de los padres no sólo implica brindar al niño cuidados y protección, también requiere, en muchas ocasiones, poner límites a sus deseos. Decirle “No” al niño, cuando sus deseos están fuera de lo permitido, es fundamental para fomentar su desarrollo sano.
  2. El niño necesita aprender la importancia de las reglas y conocer cuáles son las expectativas que se tienen de su conducta. La existencia de unas normas que se siguen con firmeza le brinda al niño un sentido de seguridad que es indispensable para su bienestar emocional.
  3. La experiencia del “No” le permite al niño aprender a manejar sentimientos de rabia, frustración y desilusión.

¿Por qué puede resultar tan difícil para los padres decirle al niño “No”?

Al decirle “No”, los padres le causan al niño, inevitablemente, un malestar que suele traducirse en rabia hacia éstos, lo cual no es algo fácil de tolerar.

¿Qué estrategias pueden facilitar a los padres el decirle al niño “No”?

  1. Establecer, comunicar y aplicar las reglas de forma clara y consistente.
  2. Explicar la razón de la negativa, la cual siempre debe conllevar una enseñanza.
  3. Al decir “No”, mantenerse firme y no ceder ante la insistencia del niño.
  4. Solidarizarse con los sentimientos del niño, expresándole que comprende cómo se siente y está de su parte, aunque no pueda acceder a su deseo.

La importancia de que el niño duerma en su propia habitación: orientación básica a los padres

 ¿A qué edad el niño debe comenzar a dormir en su propia habitación?

Alrededor de los 3 meses de nacido. (A partir de los 2½ meses, el bebé posee una mayor capacidad para regular sus patrones de sueño y alimentación.)

¿Por qué es importante para el niño dormir en su propia habitación?

  1. Promover el bienestar emocional del niño no sólo implica ofrecer amor y unos cuidados básicos; además, hay que proveer límites y estructura. El niño debe aprender a sentirse seguro y confiado en que el padre estará cerca para atenderle cuando lo necesite, sin depender de su presencia física continua. Esto le permitirá adquirir un sentido de autonomía que beneficiará tanto el desarrollo de su personalidad, como su desarrollo social y cognoscitivo.
  2. El niño, como el adulto, es un ser sensual, por lo que la situación “cuerpo a cuerpo” que se da entre ambos, cuando duermen juntos, resulta inapropiada. Igualmente inapropiado es exponer al niño a que sea testigo, desde su cuna, de la intimidad entre los padres.

¿Por qué es importante para los padres que el niño no duerma con ellos?

Ya se trate de una pareja, o de un padre que vive solo con su hijo, el adulto necesita:

  1. Tiempo y espacio, en la tranquilidad del hogar, para desligarse de su rol de cuidador y atender sus diversos asuntos personales, entre éstos, obtener el descanso necesario durante la noche
  2. Desarrollar un sentido de seguridad y confianza en que el bienestar del niño no requiere de su presencia física continua, sino de su accesibilidad física y emocional, pues, de lo contrario, ambos vivirían en un estado constante de preocupación y ansiedad

¿Qué estrategias pueden facilitar que el niño duerma en su propia habitación?

  1. Evalúe en qué medida la dificultad del niño para separarse de usted durante la noche es un reflejo de su propia dificultad para separarse del niño.
  2. ¡No se sienta culpable! Convénzase de que, lejos de hacerle un daño al niño, está fomentando su bienestar emocional.
  3. Explíquele al niño, de manera sencilla, por qué es importante que cada uno tenga su espacio para descansar durante la noche.
  4. Establezca una rutina para la hora de dormir y sea consistente en aplicarla. (Por ejemplo: A las 7:00 P.M., el niño se baña, cena y se cepilla los dientes; a las 8:00 P.M., va a la cama, se le lee un cuento o se le canta una canción, se le da un beso de “Buenas noches”, se apaga la luz y se cierra la puerta.)
  5. Asegúrese de que todas las necesidades del niño hayan sido atendidas antes de que se acueste (por ejemplo, tomar agua e ir al baño).
  6. Si el niño le teme a la oscuridad, coloque una lamparita de noche en la habitación. También puede permitirle dormir en compañía de un muñeco.
  7. Cuando, luego de haberse acostado, el niño le llame o salga de su cama, explore los motivos.
  • Si el niño insiste en salir de su habitación y no existe una razón válida, hágale regresar a su cama tantas veces como sea necesario. Sea firme, pero no pierda la calma ni le dé explicaciones adicionales.
  • En el caso del bebé –mayor de 3 meses–, acérquese y obsérvele, para conocer qué necesita. El bebé debe tener accesibles algunos juguetes –apropiados para su etapa de desarrollo– que le sirvan como recurso para entretenerse y tranquilizarse cuando se despierte. Si necesita un cuidado especial (por ejemplo, si tiene hambre o frío, o necesita un cambio de pañal), luego de atenderle, colóquelo en su cuna, muéstrele un juguete y pásele la mano suavemente, recordándole que puede quedarse tranquilo pues usted estará cerca. Si el bebé sólo desea su compañía, haga esto último, pero trate de evitar sacarlo de la cuna, para que le dé la oportunidad de aprender a calmarse por sí mismo.

Psicoterapia con niños

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Clínica con niños: ¿para qué?

El sufrimiento no es una experiencia ajena a los niños. No siempre se comprende bien de qué se trata este sufrimiento. Estados de angustia, miedos, temores, dificultades conductuales, inhibiciones, dificultades con la alimentación y para relacionarse con otros, agresividad, vicisitudes con los aprendizajes, entre otras manifestaciones, son signos de un malestar en el niño que se presentan tanto en el hogar, la escuela como en otros escenarios. Incluso cuando no se puedan identificar situaciones “traumáticas” y los padres desconocen el origen de los padecimientos de sus hijos, esto no quiere decir que no sufren. En la clínica se posibilita un espacio para la escucha profunda de estos malestares en el niño. A través del juego cada niño puede trabajar sobre sus síntomas y hacerse nuevas preguntas.

¿Cuál es el lugar de los padres en el tratamiento?

Puede ser muy duro pensar que un hijo pueda sufrir, incluso provocar en los padres un sentimiento de culpa. No se trata de buscar culpables, sino que puedan preguntarse sobre qué le ocurre a su hijo. Cuando los padres se hacen preguntas también movilizan su modo de pensar y de actuar. El hacerse estas preguntas produce efectos positivos en el hijo.

La palabra y el compromiso de los padres en el tratamiento, es fundamental. Por ello, se le facilita un espacio para escuchar sus preocupaciones con relación a sus hijos. Los padres participan del tratamiento y son entrevistados esporádicamente.

¿Qué es la terapia de juego?

La psicoterapia con niños se realiza en mayor o menor medida, con, en, y desde el juego. El niño expresa sus fantasías, deseos, experiencias, miedos, corajes, y afectos a través del jugar y sus juegos. Jugar para un niño incluye: dibujar, dramatizar, modelar, narrar historias, escribir, entre otros. Todo niño que juega se crea un mundo propio, situando las cosas de su mundo en un orden nuevo grato para él. Mediante el juego los niños transforman su dolor y abren vías de comunicación.

En una sesión terapéutica el contenido del juego toma diversas expresiones, y adquiere un determinado valor para el tratamiento. Los niños repiten en sus juegos todo aquello que en la vida les ha causado una intensa impresión, intentando resolver la experiencia traumática. Repiten y repiten hasta resolver o aceptar, o hasta no tener más necesidad de repetir.

En sesión, el niño trabaja lo suyo a través de su juego. Jugar con alguien que escucha el sufrimiento tiene su lógica, su especificidad y su finalidad. Por lo tanto, el juego en sesión es mucho más que una actividad de la imaginación.

Dado que el niño no utiliza el lenguaje como el adulto, en la terapia con niños es importante invitarle a que su juego pueda incluir palabras. Por ello es importante crear un ambiente de confianza que le permita desplegar y revelar su mundo íntimo.

Tiempos y condiciones del proceso

El proceso de trabajo con niños requiere de un espacio de confidencialidad. Para que éste pueda desplegar sus miedos, fantasías, angustias, enojos y preocupaciones, debe poder sentir que lo dicho y hecho en terapia es una confidencia. Es importante que los padres permitan y respeten el contenido de la sesión.

El trabajo clínico con niños tiene una estructura. Se acuerda una hora y día para las sesiones de tratamiento. Esto requiere un compromiso sostenido de trabajo. El número de sesiones no se establece de antemano. La duración del tratamiento puede requerir lapsos prolongados de tiempo. El tiempo de trabajo con cada niño es distinto y depende de la complejidad del malestar de cada cual. Además, la decisión de la finalización del tratamiento se acuerda entre el clínico, los deseos del niño y las consultas con los padres.

A manera de reflexión

La condición humana nos avoca a distintos padecimientos, los cuales en la actualidad son nombrados como depresión, manía, ansiedad, entre otros. Más allá del diagnóstico, es fundamental que el sujeto humano pueda interrogarse ¿qué me está pasando? ¿qué tengo que ver con ello?

El trabajo clínico, sostenido, apuesta por renunciar a la repetición de aquello que nos aqueja

Es desde la pregunta que la persona que sufre se hace sobre la particularidad de sus síntomas, que podría dar cabida a una nueva manera, inédita, de posicionarse subjetivamente ante ello.

La psicoterapia abre un espacio de escucha para que el sufrimiento psíquico del ser hablante pueda ser cifrado en palabras, pueda ser elaborado…. ¿De qué se sufre?

” (…) de ser amado o de no serlo, de estar solo o de no estarlo, de hablar o de callarse, de la repetición o de la novedad, de saber o de ignorar, de tener o de perder, de estar lleno o de estar vacío…en fin, todo, absolutamente todo puede hacer sufrir: lo demasiado, lo insuficiente, la nada, lo justo (…).” 1

El trabajo clínico, sostenido, apuesta por renunciar a la repetición de aquello que nos aqueja, para que en el encuentro con los límites, los propios y los de los demás, haya una margen de libertad para decidir otra manera de vivir.

  1. Marie-Helene Brouse, ¿De qué sufrimos?, Virtualia 5- Abril-mayo 2002

¿Por qué nuestro hijo tiene problemas?

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El título de este apartado hace eco de un maravilloso texto escrito por la Dra. Anny Cordié, psicoanalista y neuropsiquiatra. Los padres, sin saber que está pasando con sus hijos e interrogados en sus funciones maternas y paternas, llegan a la consulta del psicólogo con esta y otras preguntas: ¿Por qué nuestra hija fracasa en la escuela?

¿Por qué nuestro pequeño nos hace la vida intolerable con sus conductas violentas? ¿Por qué mi hija no aprende? ¿Por qué Valeria no habla? ¿Por qué Carlos padece de erupciones en la piel que resisten a todo tratamiento? ¿Por qué Gabrielita comete reiteradamente el mismo error cuyo soporte no es de orden cognoscitivo? ¿Por qué Isabel se queja de dolores en el cuerpo sin haber causa orgánica?

El sufrimiento no es una experiencia ajena a los niños. La clínica psicoanalítica posibilita dar cuenta de sus manifestaciones en la práctica cotidiana. Asimismo permite operar sobre los estados de angustia, dificultades conductuales, inhibiciones, vicisitudes en los aprendizajes, entre otros. El analista abre un espacio de escucha para que se pueda restituír el sentido de los síntomas a los efectos de que el niño pueda “liberarse de él”.

Al decir de Baraldi, jugar es cosa seria: “(…) el jugar, lejos de constituir una acción espontánea, es el efecto de un trabajo que el infante realiza. Trabajo que como tal tiene su especificidad, su lógica y su finalidad.” (Clemencia Baraldi, Jugar es cosa seria, 2004). La terapia de juego hace posible el despliegue de la escena lúdica. El juego del niño remite al saber del inconsciente. Los infantes repiten en sus juegos lo que en la vida les ha causado fuertes impresiones intentando resolver la experiencia traumática.

El juego infantil tiene sus particularidades en función del momento de la constitución subjetiva por la que el pequeño está atravesando. En la relación terapeútica, el infante da cuenta de las dificultades y la complejidad de sus vivencias. Por ello, en la clínica con infantes se confía que cada vez que un niño juega en el tratamiento, está “jugando aquella escena que necesita ser jugada.” (Equipo de psicopedagogía, Aprendizaje y Desarrollo, En red, marzo 2002)

* Anny Cordié, Doctor: ¿por qué nuestro hijo tiene problemas?, Buenos Aires: Nueva Visión 2004.